Tres secretos para hablar en público (I)

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01may
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A menudo nos preguntan, tanto tras las actuaciones como tras conferencias o charlas en formación y selección de personal por trucos o técnicas para poder hablar mejor en público. Mucha gente vive un infierno personal cuando tiene que enfrentarse a un auditorio, a la presentación de un proyecto o a una breve lectura en algún evento. Las artes marciales tradicionales japonesas hablan de un ´triple secreto´ para lograr todo lo que nos proponemos. Ese ´san mitsu´ (pensar, decir, hacer) encierra en sí mismo mucha sabiduría (espíritu, mente, cuerpo), un modelo que emplearemos para hablar de esos ´trucos´ o ´técnicas´. Espero que te sea útil la próxima vez que tengas dos mil (o doce) personas pendientes de qué vas a decir. Vamos con el primer secreto:

1) Respira: en artes escénicas, igual que en danza o artes marciales, la respiración es la base del movimiento. Tómate cinco minutos en tu despacho, camerino o incluso en el lavabo. Siéntate y respira profundamente cinco o seis veces. No solo relajarás tu ritmo cardíaco, sino que te encontrarás más a gusto, tranquilo y relajado. Si eres de los que titubean o abusan de muletillas cuando les preguntan algo o cuando llegas a un punto de tu presentación (o monólogo, o efecto mágico) que no tienes tan bien preparado como debieras, respira. Respira. Lo repito de nuevo: respira. Esta es la base de tu movimiento. Aunque a ti te parezca una eternidad, una pausa de un segundo no va a sorprender a ningún espectador, te ayudará a ordenar tus ideas y encontrar la primera palabra perfecta de tu próxima frase.

Recuerda siempre que una respiración regular y algo profunda, además de ayudar a relajarte, permitirá que tu diafragma empuje con más naturalidad la voz. Esta llegará nítida y transmitiendo más seguridad que si respiras poco, rápido y mal. Además, tu ritmo de dicción será menos rápido, un fallo que suele pasar desapercibido ala gran parte de ponentes y actuantes. Si te surge la duda de si te estarán escuchando adecuadamente y no empleas un equipo de amplificación de sonido, busca al espectador más alejado e imagina que detrás de él se encuentra tu abuela sorda. Habla de forma que la afable abuelita se entere de todo cuanto dices.

El próximo domingo, el segundo secreto: mira.


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